No se trata de tener las orejas largas o cortas

Es muy razonable desconfiar o no confiar a ciegas en la calidad de los productos a la venta, especialmente en el caso de los productos relacionados con la jardinería.
En este sector hay muchos productos que se presentan a la venta sin posibilidad de identificar al productor. Este anonimato incluye desde productores que se esfuerzan por hacer bien las cosas hasta verdaderos piratas del mercado. El comprador final carece de elementos de juicio para poder evaluar y discriminar los productos a la venta en función de su origen o "marca".
Aprovechándose de la impunidad que les otorga el anonimato, los productores sin escrúpulos pueden sacarse de encima partidas enteras cuyo mejor destino hubiera sido la basura. Lamentablemente ello perjudica enormemente a los que hacen bien las cosas puesto que su producto de calidad ha de venderse a los mismos precios "de derribo" fijados por los primeros. Obviamente también perjudica al comprador final.
En estas condiciones el comprador final queda indefenso. Sus tres únicas posibilidades de no ser engañado miserablemente son las siguientes:
- Aprender a distinguir la calidad por sí mismo.
- Confiar en la acción de filtro realizada por algunos detallistas responsables con suficiente capacitación profesional.
- Confiar en el azar: unas veces habrá suerte y otras no.
En este caso concreto, sin embargo, no se podría pensar en calificar de "defectuoso" el cyclamen de Neus a no ser que la malformación estuviera generalizada en un gran número de flores. De suceder esto último todavía cabría considerar dos posibilidades:
- Alguna deficiencia en el cultivo
- Un híbrido inadecuado (no experimentado suficientemente).
Solo en este último caso podríamos calificar de "defectuoso" el híbrido en cuestión.