¿Quién ha podido contigo? ¿Un rayo, una plaga? ¿O ha sido simplemente el paso del tiempo?
Sea lo que sea, no ha conseguido doblegarte, grandullón, y muerto sigues en pie.
Hoy me he sentado frente a tu tronco vacío, que cien larvas volverán a convertir en tierra.
Y en silencio te he contado historias de árboles que no has visto, de paisajes que no has conocido, de caminos que se alejan, de horizontes artificiales…
A cambio, el susurro del viento sobre tus ramas secas me ha traído tu voz centenaria. Me has hablado de mil amaneceres diferentes, de los aires frescos del collado, de noches de luna llena, de calores sofocantes, de animales salvajes, de besos lentos compartidos en la discreción de tu sombra, de trinos desde tu copa y nidos sobre tus ramas… De lluvias, de tormentas, del arroyo cercano y su eterno arrullo cantarín… De tus hijos crecidos en la ladera de enfrente...
¡Cuánta vida vivida sin desanclar tus pies del suelo…!
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No quiero otra medalla, que cuatro ya me parecían demasiadas. Me convierto en sapo... ¡croac!... y me sumerjo en la charca de los batracios solitarios …¡¡¡PLOP!!!…