Insecto en encinas y roble
Esos mismísimos se comen también las hojas tiernas de mi roble –el que más me duele–, el albaricoquero, el ciruelo, el guayabo. Van atacando un árbol u otro según cual sea el que tiene las hojas más frescas y apetitosas.
Curiosamente, me ha parecido observar que atacan a los árboles que tienen ese color rojizo broncíneo en las hojas jóvenes al sol. Pero tal vez hay algo que debilita a las víctimas o las fortalece frente a la plaga de modo que ya no resulten atractivas para esos bichos. Lo digo porque mis rosales por ejemplo no los tocan, y en cambio devoran los del vecino. (¡?!)
Nosotros los combatimos por medios mecánicos: a una botella transparente, de esas de agua de litro y medio, se le corta el culo. Sujetándola por el tapón, se acerca la botella a la hoja donde come el bicho de modo que la parte abierta quede bajo el escarabajo. Éste siempre intenta escaparse dejándose caer, con lo que cae en la botella. Se tapa la salida con la mano libre, se menea la botella para marear al bicho, se vuelca para que caiga al suelo. Pisotón rápido. Por este método nos cargamos alrededor de cien diarios, sobre todo en el roblecico que es lo que les parece ahora más en sazón.
No sé si el método os parecerá brutal. A mi me parece mejor no usar veneno, y visto el encaje en que dejan convertidas las hojas, no me duele ni lo siento por ellos.
Chao
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